Mark Knopfler. Dire Straits. «Sultans of Swing»

«Sultans of Swing» es el tema que lanzó al estrellato a Dire Straits con su álbum debut Dire Straits (1978). Escrita por Mark Knopfler, la canción combina técnica, narrativa y elegancia en una pieza que definió el sonido del grupo y renovó el rock británico a finales de los setenta.

Con su inconfundible riff de guitarra y su historia sobre una banda de jazz tocando en un bar vacío, “Sultans of Swing” se convirtió en un himno de autenticidad musical frente a la superficialidad del éxito.

Mark Knopfler compuso “Sultans of Swing” en 1977 mientras tocaba una guitarra acústica National que le había prestado un amigo. Inspirado por una banda amateur que vio actuar en un pub de Deptford, Londres, escribió la canción como homenaje a los músicos anónimos que tocan por pasión más que por fama.

La letra retrata con precisión casi literaria la escena de una pequeña banda que toca jazz y swing para una audiencia mínima. Con frases como “You get a shiver in the dark, it’s raining in the park, but meantime…”, Knopfler introduce al oyente directamente en la historia, empleando un estilo visual y narrativo poco común en el rock.

El contraste entre la humildad de los músicos y su dignidad artística da a la canción su carga simbólica: la autenticidad frente al espectáculo. Knopfler observa sin ironía, con empatía y respeto.

El tema destaca por su complejidad técnica y naturalidad. El fingerpicking característico de Knopfler produce un sonido limpio y fluido, mientras el bajo de John Illsley y la batería de Pick Withers aportan una base rítmica sobria y precisa.

El solo final, grabado en una sola toma, es una de las ejecuciones más celebradas de la historia del rock. Su estructura libre, sin exceso de distorsión, marcó un cambio radical respecto a la sonoridad dominante de la época.

[Información procedente de: https://www.todomusica.org/dire_straits/canciones/sultans_of_swing/]

Si…

Rudyard Kipling (1895)

«Si puedes mantener la cabeza en su sitio cuando todos a tu alrededor
la pierden y te culpan a ti.
Si puedes seguir creyendo en ti mismo cuando todos dudan de ti,
pero también toleras que tengan dudas.

Si puedes esperar y no cansarte de la espera;
o si, siendo engañado, no respondes con engaños,
o si, siendo odiado, no incurres en el odio.
Y aun así no te las das de bueno ni de sabio.

Si puedes soñar sin que los sueños te dominen;
Si puedes pensar y no hacer de tus pensamientos tu único objetivo;
Si puedes encontrarte con el Triunfo y el Desastre,
y tratar a esos dos impostores de la misma manera.

Si puedes soportar oír la verdad que has dicho,
tergiversada por villanos para engañar a los necios.
O ver cómo se destruye todo aquello por lo que has dado la vida,
y remangarte para reconstruirlo con herramientas desgastadas.

Si puedes apilar todas tus ganancias
y arriesgarlas a una sola jugada;
y perder, y empezar de nuevo desde el principio
y nunca decir ni una palabra sobre tu pérdida.

Si puedes forzar tu corazón, y tus nervios y tendones,
a cumplir con tus objetivos mucho después de que estén agotados,
y así resistir cuando ya no te queda nada
salvo la Voluntad, que les dice: «¡Resistid!».

Si puedes hablar a las masas y conservar tu virtud.
O caminar junto a reyes, sin menospreciar por ello a la gente común.
Si ni amigos ni enemigos pueden herirte.
Si todos pueden contar contigo, pero ninguno en exceso.

Si puedes llenar el implacable minuto,
con sesenta segundos de diligente labor
Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y —lo que es más—: ¡serás un Hombre, hijo mío!».

«Far, above the clouds», by Mike Oldfield. «Der Wanderer über dem Nebelmeer» von Caspar David Friedrich (1774 – 1840)

Canto del Caminante y del Abismo Sin Voz

(Relato con tono homérico y espíritu nietzscheano)

I. Invocación

Canta, Musa sombría,
del varón que subió a las montañas brumosas
cuando la aurora aún yacía dormida
en los brazos de la noche.

Canta del que no buscó consejo de adivinos
ni pronóstico alguno de los dioses,
pues sabía que la palabra del hombre valiente
pesa más que los augurios de los cielos.

II. La Subida

Como un lobo solitario
que asciende a la peña más alta
para desafiar a los vientos sin nombre,
así avanzó el Caminante.

Sus sandalias hollaban la roca antigua,
y el eco respondía como un viejo titán encadenado.
La niebla, blanca cual sudario de jóvenes caídos,
se enroscaba en torno a sus piernas
como serpiente del Hades que busca un alma.

Mas él no se detenía,
porque en su pecho ardía un fuego más severo
que el de la fragua de Hefesto.

III. La Cima y el Silencio de los Dioses

Cuando alcanzó la cúspide,
la tierra desapareció bajo un mar de nubes,
blanco, profundo, infinito,
como las alas extendidas de la muerte.

Allí se irguió el varón, solo, sin escudo ni lanza,
sin plegaria ni súplica.
Pues sabía —como saben los héroes trágicos—
que los inmortales, si existen,
guardan silencio ante los fuertes.

Y el abismo no habló.
Ni trueno.
Ni presagio.
Solo el soplo frío del viento,
cual mensajero cansado que ha perdido sus palabras.

IV. El Llamado del Descenso

Pensó entonces el Caminante:
“Es dulce volver al valle,
donde el hogar aguarda,
donde el canto es suave
y el destino leve.”

Pero en su pecho se levantó
la voz indómita de Dioniso,
el que ríe entre los tormentos,
el que danza sobre el abismo.

Y esa voz clamó como un cuerno antiguo:

«¡No vuelvas al refugio!
¡No te entregues a la tibieza del vivir común!
Pues no fuiste engendrado para lo fácil,
sino para la noble aspereza
que separa a los hombres de los héroes.»

El varón escuchó,
y su corazón se endureció como bronce ardiente.

V. El Coro de las Nubes

Entonces habló la Niebla misma,
no con lengua mortal,
sino con rumor de océano inviolado:

“¡Oh tú, que te atreviste a pisar esta cumbre!
Aquí no hallarás dioses que te sostengan
ni destinos escritos por mano ajena.
Aquí solo hallarás la desnudez del Ser,
y el peso de tu propio devenir.”

Así cantó la Niebla,
como un coro que hubiera aprendido su canto
en la noche primera del mundo.

VI. La Afirmación Trágica

El hombre alzó los brazos hacia el firmamento.
No pidió clemencia.
No pidió favor.
No pidió gloria.

Con voz grave como la marea de invierno, dijo:

«¡Sí!
Sí a este abismo que no responde,
sí a este dolor que no termina,
sí al destino que no promete,
sí al retorno eterno de mi propio ser.»

Y en ese resonó la estirpe antigua
de los que prefieren la verdad cruel
al sueño apacible.

VII. El Descenso del Héroe

Entonces el varón puso el pie en la senda
que volvía al mundo de los mortales.

Pero bajaba distinto:
no como el que ha encontrado consuelo,
sino como el que ha sido probado
y no ha sido hallado falto de valor.

El silencio lo seguía,
como siguen los viejos coros
a los héroes que ya han visto demasiado.

Y si algún día los dioses hablaran,
si alguna vez rompieran su callado Olimpo,
recordarían que un solo hombre,
en la soledad de una montaña,
pronunció el Sí más terrible
y más noble que puede pronunciarse
en la vasta tierra de los vivos.

El «no-lugar», de Marc Augé

«Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definirá un no-lugar. La hipótesis aquí defendida es que la sobremodernidad es productora de no-lugares, es decir, de espacios que no son en sí lugares antropológicos y que, contrariamente a la modernidad baudeleriana, no integran los lugares antiguos: éstos, catalogados, clasificados y promovidos a la categoría de «lugares de memoria», ocupan allí un lugar circunscripto y específico. Un mundo donde se nace en la clínica y donde se muere en el hospital, donde se multiplican, en modalidades lujosas o inhumanas, los puntos de tránsito y las ocupaciones provisionales (las cadenas de hoteles y las habitaciones ocupadas ilegalmente, los clubes de vacaciones, los campos de refugiados, las barracas miserables destinadas a desaparecer o a degradarse progresivamente), donde se desarrolla una apretada red de medios de transporte que son también espacios habitados, donde el habitué de los supermercados, de los distribuidores automáticos y de las tarjetas de crédito renueva con los gestos del comercio «de oficio mudo», un mundo así prometidos a la individualidad solitaria, a lo provisional y a lo efímero, al pasaje, propone al antropólogo y también a los demás un objeto nuevo cuyas dimensiones inéditas conviene medir antes de preguntarse desde qué punto de vista se lo puede juzgar. Agreguemos que evidentemente un no lugar existe igual que un lugar: no existe nunca bajo una forma pura; allí los lugares se recomponen, las relaciones se reconstituyen; las «astucias milenarias» de la invención de lo cotidiano y de las «artes del hacer» de las que Michel de Certeau ha propuesto análisis tan sutiles, pueden abrirse allí un camino y desplegar sus estrategias. El lugar y el no-lugar son más bien polaridades falsas: el primero no queda nunca completamente borrado y el segundo no se cumple nunca totalmente: son palimpsestos donde se reinscribe sin cesar el juego intrincado de la identidad y la relación. Pero los no-lugares son la medida de la época, medida cuantificable y que se podría tomar adicionando, después de hacer algunas conversiones entre superficie, volumen y distancia, las vías aéreas, ferroviarias, las autopistas y los habitáculos móviles llamados «medios de transporte» (aviones, trenes, automóviles», los aeropuertos y las estaciones ferroviarias, las estaciones aeroespaciales, las grandes cadenas hoteleras, los parques de recreo, los supermercados, la madeja compleja, en fin, de las redes de cables o sin hilos que movilizan el espacio extraterrestre a los fines de una comunicación tan extraña que a menudo no pone en contacto al individuo más que con otra imagen de sí mismo. La distinción entre lugares y no lugares pasa por la oposición del lugar con el espacio». Augé, M. (2017) «Los no lugares». Barcelona, Gedisa, pp. 83-85.

No-lugares y virtualización relacional en la denominada sobremodernidad

Miquel Amorós Hernández

Marc Augé contrapone, en la cita precedente, los «lugares», dotados de la radical radicalidad en la que se enraíza la autenticidad que precede a la humanidad, frente a los «no lugares», atópicos, inhumanos, imposibles de hacerse habitables a través del establecimiento de la relacionalidad auténtica que convierte los meros puntos en el espacio en auténticos hogares. Merece un desarrollo el nacimiento de esta última idea: los lugares tienen, en el hogar, el clímax de su desarrollo. Hogar que conecta con la interioridad agustiniana que es brasa o rescoldo a partir del cual puede encenderse, mecha que prende, el calor auténtico de la intimidad. Imposible es esto en los no lugares, puntos del espacio incapaces de tejer una trama relacional en la que sentirse como en casa es imposible: la maldición weberiana de la burocracia, el ticket del supermercado, la relación contractual, el código QR o el código de barras suspenden tal posibilidad.

Los lugares se enraízan en la historia compartida, tejen complicidades de las que emerge, necesariamente el vínculo de lo humano. Permiten el crecimiento, el desarrollo, la fructificación del ser humano, quien entonces es capaz de crear mundos posibles. La fantasía, la capacidad, el sentimiento de pertenencia, la proyección de un proyecto conjunto, ligado al desarrollo del sentido de la vida son entonces factibles. En el otro extremo, en el no lugar nadie, a excepción de aquellos maquinalmente deshumanizados, pueden sentirse o sentarse a conversar al rescoldo del fuego cósmico del hogar compartido, el Oikós griego, la ecología de lo humano. En el no lugar, el desinterés característico de las relaciones humanas, sean la Phyllia o el Eros se cortocircuita por completo. El interés hobbesiano, antesala del cálculo, el miedo o el silencio que anula la conversación, imponen los tiempos medibles de la productividad. La burocracia se extiende como el manto Medea, asesino de la vida de todo aquel que fuese cubierto por la desalmada prenda mítica del vestir. El frío vacío se extiende, todo deviene superficie de azulejo y metal, tan inhóspita como aséptica.

Entonces, claro está, la realidad real se suspende, la esencialidad metafísicamente inherente a la autenticidad del Ser queda substituida por las diversas apariciones, cuando no figuraciones, de la apariencia empantallada. Pantallas de móvil, pantallas de televisor, pantallas de proyección, pantallas de ordenador. Algún día será oportuno para desarrollar aún más la potencia de esta idea: la aparición de la apariencia, la desaparición de lo esencial, su substitución por el simulacro, su elevación a gran espectáculo; el ser humano ya no será un creador de mundos posibles enhebrados en un sentido cómico en pos de la Verdad, Belleza y Bondad por medio del cultivo de su alma o espíritu.

La relación posible del hombre y el mundo, mundo entendido como producto de su creativo hacer, será substituido por el simulacro del hacer, el hacer ver que se hace, el hacer hecho visible para ser visto, la eliminación del sentido por la producción audiovisual sin el aura benjaminiana, la reproducción infinita de la imagen carente de espíritu, carente de realidad, la vida convertida en mero pasaje o pasillo: el no lugar.

Algunas instituciones educativas, tal vez tienen su origen en su natalidad como no-lugares panópticos, provisores no de una auténtica paideia, sino de titulaciones, certificados completamente ajenos al conocimiento. Panópticos y pantallas como substitutos inversos de la Totalidad. Instagram como sucedáneo de la humana relacionalidad; el like cuando no el vano emoticono como substitutos del latir en el pecho del corazón, del pneuma en los pulmones, del hálito divino en el Espíritu del Ser.

El ígneo Todo reducido a la frialdad de sus cenizas. La desaparición de toda traza de Humanidad: la reducción allende el absurdo a mero aparato o dispositivo burocrático. Fuera, la Cultura, florece, como los bosques bajo el astro solar. Rovira Climent, el sabio griego nacido en Els Ports, ya nos lo dejó escrito como preaviso previo al acabamiento de la función teatral: se hace necesario más que nunca, en tiempos de descuento sobremodernos como los que debemos resistir, un reinicio, un desandar sendas erróneas, tal vez una «Giravolta rural».

Revisado el 11 de septiembre de 2025.